Era una aldea posiblemente de Cuenca, no lo tengo claro pues todas esas aldeas próximas al límite provincial me hacen dudar. Tampoco recuerdo su nombre con exactitud, lo que tengo claro es que la luz la instaló mi chache Manolo y por lo visto, según mi madre, hicieron un baile y lo pasaron genial.
El caso es que, el que pedalea y escribe y a veces para y hace una fotografía, vio esta leyenda escrita en el ladrillo y la retrató para la posteridad.
Me resulta curioso la mezcla de prohibición con la necesidad, pero claro, es que no es el lugar adecuado según el propietario o quien corresponda.
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