miércoles, 25 de febrero de 2015

LÁSTIMA DE MI, LÁSTIMA DE UN CICLISTA MEDIOCRE

Esta mañana me ha llegado la tristeza de una, me ha venido sin avisar el recuerdo de lo vivido y de lo no realizado y he llegado a una triste conclusión, no haber hecho grandes cosas que se tienen que hacer, veamos los motivos de ello.



NO HABER HECHO EL CAMINO DE SANTIAGO. Ninguno de los caminos que cruzan España de Este a Oeste, de Sur a Norte y de Sureste a Galicia, ni tan solo la última parte. Una vez pude hacerlo y opté por pedalear desde Albacete hasta Tarifa, por donde bien me parecía, eso sí, continuando entre otros los pasos de Machado de Cazorla a Torreperogil o visitando el barco de Chanquete, las dunas junto al Atlantico y el viento de Levante.


NINGUNA QUEBRANTAHUESOS NI INFIERNOS CÁNTABROS. Mi curriculo carece de épicas jornadas rodeado de grandes compañeros de un día realizando impresionantes travesías cargadas de naturaleza y desnivel, dignas del recuerdo.




AUSENTE EN CARRERAS POPULARES. Sin constar en generales absolutas, de mi categoria, aspirante a cajones y portador de chip. Carente de bolsas de regalo y de inscripciones para poder disfrutar de un domingo y ver hasta donde llegan mis fuerzas y esfuerzo.


SIN GRUPETA CON LA QUE PODER DISFRUTAR. Tan solo con la compañía de otros descabezados como el que suscribe; amigos de locuras imposibles, de trazados inimaginables y días descabellados donde el mejor de los recuerdo en ocasiones era la peor de las experiencias.  Montañas quebradas, puentes ruinosos y castillos por conquistar.





SIN VIANDAS DIGNAS DE MARQUESES A MITAD DE RUTA CON ALEGRES POSADERAS. Pues para eso quedaban mis carrillos que se asentaban sobre el sillín. Con un buen bocadillo de esos que me gustaban, variados con de todo un poco al abrigo de la montaña, en lo alto de la senda. Cuantas veces nos hemos llevado el bocadillo a casa pues bien valía el pedaleo más que la comida…




CON IMBORRABLES RECUERDOS DE VIVENCIAS QUE ALGÚN DÍA PODREMOS VOLVER A DISFRUTAR. Pues han sido tantos los momentos que hemos disfrutado que ya olvidamos más de los que recordamos. Que contados han sido los insuperables días en los que pudimos bajar aquella senda interminable mientras exultantes gritábamos, o aquel día que subimos por donde nunca pudimos hacerlo. Esa caida en la que gracias a Dios no pasó nada o ese lugar al que llegamos tras catorce horas pedaleando. Cenas a la luz del foco de la bicicleta y madrugadas camino de Levante con el amanecer al fondo.




   




LÁSTIMA DE MI, LÁSTIMA DE UN CICLISTA MEDIOCRE.

2 comentarios :

Pepe Abarca dijo...

Aún eres muy joven, a que esperas ..

ángel hortal dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.