lunes, 11 de febrero de 2019

282 KILÓMETROS, 1900 DE DESNIVEL Y BUENOS AMIGOS, DE ALBACETE A VALENCIA POR EL SERPIS Y EL MEDITERRÁNEO

En la vida que nos toca vivir, haremos muchas o pocas cosas, pero creo que cuando llegue el momento de terminar cada cosa que hagamos, haremos balance de lo que hemos hecho, lo que podríamos haber hecho mejor y lo que tuvimos mucha suerte de haber hecho. A todo ello añado el futuro pesar de no haber hecho algunas cosas que nos hubiese gustado o incluso, no saber que podíamos haber hecho otras tantas cosas.
Por todo y por eso, como dice el dicho, "a lo hecho pecho" y como no hay mejor cosa que hacer lo que toca en cada momento, porque toca y punto, es por lo que esta ruta que ya estaba fraguada y macerando desde hacía meses, tenía su día ayer domingo.
Como pasado y referencias, teníamos pedaleado el trayecto de la Encina a Valencia por el Serpis, la llegada a Valencia por la vía de Santiago entrando por el Saler y tramos de Albacete hasta Almansa. Total, que nada nos pillaba por sorpresa.
Por ello y con dos grados centígrados sobre cero y el viento casi a favor, vestidos unos de corto y otros de largo, manga corta, manquitos, chalecos y cortavientos, comida y bebida para toda la jornada, comenzamos a pedalear en la noche albaceteña Fran, el Primillo y el que suscribe como de costumbre.
La ruta puede dividirse en tres partes; de Albacete a Beneixama, de Beneixama a Gandía por el Serpis y de Gandía a Valencia por Cullera y el Saler. Bajo mi punto de vista, los mejores tramos son los de Alfafara a Muro de Alcoy, el del Serpis, el del Cabo y el Saler.
Como quiera que es febrero y juegan con nuestro tiempo, de luz estabamos escasos ante tanto kilometraje y hasta el amanecer a las 08.00 recorreriamos los caminos con los focos, del mismo modo que la última media hora de la ruta del Saler a Valencia.
El tiempo, salvo el frío del inicio, ideal, pues el calor no haría mella en nuestros cuerpos y nos permitiría pedalear sin problemas de agua y comida. Eso sí, de Gandía a Valencia aire casi en contra, pero previsto en el plan de ruta.
Por todo ello y con eso, Fran y el Primillo con sus Cannondale rígidas y el que suscribe con la Turbo Levo. Dificil tarea para una rígida de carbono pero no menos para una eléctrica de 25 kilos más portes con batería de 500 y 280 kilómetros por delante. Ya que estamos en este punto, decir que para maximizar la batería al tiempo que marcar un buen ritmo, la cosa estaba por superar los 25 km/h de velocidad de crucero, momento en el que se corta la corriente mientras que las rígidas vuelan casi literalmente. Imagina velocidades de 35 a 40 como iría el que suscribe a lomos de su eléctrica. Eso sí, con las presiones por las nubes y las suspensiones endurecidas de modo que nada que ver el comportamiento de mi bicicleta con el habitual en sendas y trialeras.
Paradas puntuales para fotos y descansos, comidas, presiones, frenos y ajutes y parada para almuerzo tras 130 kilómetros en Beneixama en el bar de los jubilados y un buen bocadillo, el especial de la casa que con su bebida y café se pondría en unos cinco euros, impresionante de bueno y precio. Todo ello recomendado por el usuario y amigo de Internet Jorge con Apellidos, así como el caudetano Raul Puche que añadiría un tramo de enlace bastante bueno.
De Beneixama en adelante, buenísimo y llegados al mar, recordar que esta ruta es para tiempo invernal puesto que tanta edificación y urbanización, así como nuestro paso en bicicleta por paseos marítimos y zonas edificadas, solo puede ser posible por estas fechas. ¿a saber como será en verano?
Y como dije, si después de 210 kilómetros me quedaba el 60 % de batería, con el aire en contra y las piernas algo castigadas venía la fiesta del viento de cara. De esta manera y con el Trail y el Turbo y mis colegas al abrigo, con una media de 25 km/h avanzaríamos por urbanizaciones y carreteras y algo de playas hasta el Saler que atardecía y anochecía.
La llegada a Valencia muy buena y mucho más gracias a conocerla de otras ocasiones, como en casa... se dice en estas ocasiones.
Muchisimas gracias a José que con su vehículo allí se desplazaría y nos traería hasta Albacete cansados y sudados, eso sí, haciendo parada en Chinchilla para cenar unas tapas de las buenas remojadas con gran cerveza y quemados en el Casino donde comer es una delicia.
Una vez en casa, otra vez de noche y a ducharnos y a descansar tras un día tan largo como corto, pues aunque la ruta se llevase 13 horas, de las cuales pedaleando 11.40, parecía que había sido corta, bastante corta.
Aviso a navegantes y aquellos que tengan dudas; cuando no pones reparos a estas rutas, lo importante es ropa cómoda y mejor la que acostumbras a llevar, calzado rígido y comida de rápida absorción. En mi caso tomaría un vaso de leche, una docena de galletas, un zumo, otro zumo bio, otro zumo más de piña, una chocolatina, un montado de sobrasada y queso, un bocadillo de lomo, jamón plancha y tomate, cinco porciones de pan de higo, un belmonte y unos cuatro bidones de agua. No hacían falta complementos energéticos ni geles.
Y si, doler te duele en ocasiones la espalda, las manos en algún momento se duermen, a partir del kilómetro doscientos y más con el viento en contra, te duele el alma, pero lo que nunca vas a dejar de pensar y tener claro, es que vas a llegar.
Y por cierto, cuando llegamos a nuestro destino y tras 282 kilómetros y 1900 de desnivel, sobraría un 20 % de batería.
Gracias a mi mujer que tanto me apoya, a mis compañeros de ruta Fran y Antonio, al amigo José que nos hizo el gran favor de recogernos y a todos como Jorge con Apellidos, Raul, Eduardo José, Porcel, Flix y otros tantos nos habeis apoyado en esta aventura de un día.

















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