miércoles, 12 de septiembre de 2018

ÉRASE UNA VEZ UNA ILUSIÓN

Eran casi las seis de la mañana y con la bicicleta llegaba a la estación de tren. Allí, en la puerta estaba el vigilante de seguridad y me dijo que todavía no estaba abierto, que ahora ya no tenía sentido con la ausencia de trenes nocturnos.
Comenzamos a hablar y resultó que llevaba toda la vida trabajando en la estación, en la nueva y en la vieja, vigilante de seguridad, antes denominado vigilante jurado. Su hijo es policía nacional y me enseño fotografías de él.
“Conozco a su hijo, le dije, y además le puedo decir que a pesar de ser más joven que yo, su hijo me devolvío la ilusión de luchar por un ideal”. Fue un día en el trabajo y su razonamiento hizo despertar en mí, una persona que hacía tiempo conocía y casi había olvidado.
Este policía y otros tantos como él, siguieron una idea de un compañero de Palencia y gracias a las redes sociales y a las ganas de cambiar, cada vez fueron más y lograron ir convenciendo a jóvenes y mayores.
Manifestaciones, recogidas de firmas, pulseras, camisetas, plenos de ayuntamientos, charlas y discusiones. Del mismo modo que nos habíamos sumado a la idea, otros desconfiaban y otros tantos nos criticaban, decían que era imposible.
Pues al final fue posible y cuando todo el esfuerzo quedó realizado, tan solo faltaba firmar y para ello, se recurrió a los cauces adecuados, los sindicatos, que llegaron al acuerdo con la Administración. Todos se beneficiaron, los que lucharon, los que no hicieron nada y los que criticaron, los que trabajaban y hasta incluso los jefes…  quien diría que a un jefe le suben el sueldo gracias a un trabajador.
Pero bueno, esta es la verdad de lo que paso, luego otros dirán que no fue así, que fue distinto, pero yo sé cómo fue, yo lo viví. Lo contaré siempre que me lo pregunten y siempre diré que la persona que me convenció fue un policía con ilusión, el hijo de un vigilante de seguridad de la estación de tren.


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